El dinero y los vínculos emocionales

Ilustración para entrada de blog. Contando dinero.

La proyección es el mecanismo por el cual teñimos de significado a lo que nos rodea. El mismo objeto puede evocar recuerdos positivos para una persona y traer malas sensaciones a otra. La experiencia personal vivida dota de significado a objetos, personas o situaciones que per se no tienen contenido emocional claro.

El dinero es una de las creaciones conceptuales más desprovistas de significado de la sociedad. Esa es su naturaleza para poder ser un objeto universal de intercambio: per se no tiene valor, sino el que hemos convenido asignarle de modo que sea el vehículo que recoge la valoración que hacemos de otros productos o servicios. Esta condición de receptor de valor se extiende más allá de lo material. Nuestra psique asigna valor emocional a lo que le rodea, y lo considera deseable o no deseable, generador de alegría o disgusto, origen de calma o agitación. Todas estas sensaciones emocionales las vive el sujeto, pero las siente a través de lo que le rodea. El dinero, como objeto sin valor intrínseco, lo hace el candidato perfecto como receptor del significado o emoción que proyectemos en él, en función de la experiencia que nos permita pagar y vivir. Nuestra historia personal y el lugar que haya ocupado en nuestros vínculos primarios lo hará ser contenedor de uno u otro mensaje.

Los vínculos primarios se generan en la familia de origen. Una familia cuya persona que administre y reparte el dinero lo haga muy influido por su emocionalidad, como forma de recompensa (entregándolo) o castigo (retirándolo) propiciará una relación con el dinero en la que la sensación de ser amado dependerá de la cantidad de dinero recibida. En este caso, el cariño se ha proyectado sobre el dinero.

Para una persona que asimiló lo monetario al cuidado y se desarrolló psíquicamente con este mensaje, tener dinero a lo largo de su vida será fundamental para sentirse querido y aceptado, más allá de el uso que haga de él. Por eso, el administrador del dinero debe ser una persona lo más limpia emocionalmente posible, para que no proyecte sus cuentas emocionales pendientes con otras personas sobre el dinero y lo convierta en instrumento de recompensa o privación emocional para el que recibe. Lo emocional requiere un tratamiento puramente emocional: conversación, contacto, claridad y reconocimiento directo del otro y de uno mismo.

De otra forma, el dinero puede transmitir un mensaje emocional de amor e igualdad, si se administra de forma igualitaria, si se utiliza para cubrir necesidades que hagan crecer a la persona, si se hace fluir para vivir y generar bienestar, si se tiñe del cuidado y el afecto que se demuestra con su uso. En este caso se proyecta atención y cuidado en él, y se convierte en un canal de relación. De este modo, el dinero se tiñe de la emoción y el mesaje personal de la persona que lo transmite, ese es el mensaje psíquico emocional que recibe la persona que lo toma.

La proyección sobre el dinero continúa también en la forma de gastarlo. Adquirir un bien cubre por lo general una necesidad material, y también puede hacerlo de forma emocional. ¿Qué necesidades materiales cubre por ejemplo un producto de lujo? ¿Qué deseos emocionales? Ambos apetitos son nutridos por el mismo bien: el material tiene que ver con el producto en sí; el inmaterial habla del apetito emocional que se proyecta sobre el producto, y por extensión, sobre el dinero.

Por eso, la forma de recibir y utilizar el dinero nos habla de la persona, de su historia, de cuáles fueron los mensajes de aceptación en sus vínculos primarios y de sus apetitos emocionales: muy probablemente esos mensaje se dieron en otras formas de relación de esos vínculos, solo que el dinero los hace más visibles por ser un objeto claramente receptor del intercambio emocional vincular.